jueves, 30 de octubre de 2008

Permanencia en los jardines

Mi último acierto literario, nos sorprende con este poema tras pasar la primera página...

Otra vez ando por aqui, estos días han sido de mucho ajetreo.

Un abrazo a todos.



En el enrevesado espeso matorral de mis floraciones
has laborado embriagado de almizcles.

No hay almácigo desperdiciado en este amor
donde a diario te desafíoa que encuentres el brote más reciente.

Nunca dije que sería un jardín de senderos bien delineados.
Me constituí como un jardín tropical y húmedo
con especies imposibles de clasificar
pues siempre quise poner a prueba tus intenciones de jardinero
domador de plantas y exterminador de plagas.

Te he asaltado por los cuatro costados con enredaderas tumultuosas
y hueledenoches de belleza mortífera,
y he abierto hojas como alas de sueños selváticos en los árboles plácidos
que sembraste alrededor de la casa.

En tu alcoba de macho cabrío introduje violetas africanas
y rodeé de jazmines indios los bordes de tus infranqueables ventanas
-esas que ahora el perfume traspasa con ruido de vidrios rotos-
¡Qué bien has soportado, mi amante, amadísimo, cuanta prueba te puse!

Dócil jamás, crezco ahora sin embargo sobre el techo de la casa,
y abrazo esta dulce, fogosa extensión que habitamos.
La defiendo con cercos de espinas,
instalo surtidores para que no la marchite ni la más cruel de las estaciones.


Permanencia de los jardines
Gioconda belli "Mi intima multitud"

martes, 21 de octubre de 2008

Quisiera estar solo en el sur

El poema favorito de mi primo Matías....


Quizá mis lentos ojos no verán más el sur
de ligeros paisajes dormidos en el aire,
con cuerpos a la sombra de ramas como flores
o huyendo en un galope de caballos furiosos.

El sur es un desierto que llora mientras canta,
y esa voz no se extingue como pájaro muerto;
hacia el mar encamina sus deseos amargos
abriendo un eco débil que vive lentamente.

En el sur tan distante quiero estar confundido.
La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta;
su niebla misma ríe, risa blanca en el viento.
Su oscuridad, su luz
son bellezas iguales.


Luis Cernuda

domingo, 12 de octubre de 2008

De vuelta en casa

Buenos días gente... ya estoy en casa.
Muchas cosas que contar, y sobre todo muchas fotos.... ya iré poniendo poco a poco.

El viajero ataca de nuevo.




jueves, 2 de octubre de 2008

Vacaciones

Estaré una semana fuera.... necesito desconectar un poco, que llevo todo el verano trabajando.

Me voy al norte, con una mochila. Me irán bien esos paisajes agrestes y ese frío que tanto me gusta.

Espero traeros muchas fotos preciosas y cosas que contar

El viajero, más viajero que nunca, se despide.

Hasta prontito

Agur!

martes, 30 de septiembre de 2008

A comer!

Como el refugio es el rincón de los sentimientos y las pasiones arrebatadas, y mi pasión es la cocina... creo que os voy a deleitar con una receta de pescado, ya que varias personas me la han pedido... Un nuevo apartado del refugio, RECETAS, jajajaj

MERLUZA EN SALSA VERDE

Ingredientes:

Merluza (en trozos grandes para guisar)
Gambas arroceras
Perejil
Aceite
Un diente de ajo
Harina de reposteria
Vino fino (cualquier blanco podría servir)

Lo primero, limpiamos bien el pescado y pelamos las gambas, con cuya cáscara y con la cabeza de la merluza hacemos un caldito y lo reservamos.
Por otro lado, harinamos con harina fina los trozos de merluza y los freimos suavemente, sin freir del todo, en una sartén con aceite. Es preferible usar una sartén tipo paellera, grandecita, y un aceite que no sea demasiado aromático, para que la salsa no tenga demasiada fuerza.

Una vez frita la merluza la sacamos, y freimos los ajitos cortados en láminas. Normalmente se usa el mismo aceite donde se frió el pescado, pero si vemos que se ha quemado un poco la harina usamos aceite nuevo, si no sabrá amargo... Tras esto, añadimos el perejil (sin que se queme) y un par de cucharadas de harina. Removemos un poco la harina para que se cocine, añadimos el caldo y el vino, y dejamos que espese.

El secreto de la salsa (para mi gusto) es darle el toque justo de vino, ya que si nos pasamos tomará un sabor muy fuerte. Es mejor usar bastante caldo y el vino sólo para aromatizar.

Hervimos la salsa hasta que espese un poco, y metemos la merluza un ratito para que se cocine. Un par de minutos antes de servir añadiremos las gambas peladas.

Y a comer!!!!


Espero que os guste.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Una pequeña tregua

Un día de sol espléndido, casi otoñal. Fuimos a Carrasco. La playa estaba desierta, tal vez debido a que, en pleno julio, la gente no se anima a creer en el buen tiempo. Nos sentamos en la arena. Así con la playa vacía, las olas se vuelven imponentes, son ellas solas las que gobiernan el paisaje. En ese sentido me reconozco lamentablemente dócil, maleable. Veo ese mar implacable y desolado, tan orgulloso de su espuma y de su coraje, apenas mancillado por gaviotas ingenuas, casi irreales, y de inmediato me refugio en una irresponsable admiración. Pero después, casi en seguida, la admiraciónse desintegra, y paso a sentirme tan indefenso como una almeja, como un canto rodado. Ese mar es una especiede eternidad. Cuando yo era niño, él golpeaba y golpeaba, pero también golpeaba cuando era niño mi abuelo, cuando era niño el abuelo de mi abuelo. Una presencia móvil pero sin vida. Una presencia de olas oscuras, insensibles. Testigo de la historia, testigo inútil porque no sabe nada de la historia...
Mario Benedetti
La tregua (Fragmento)

martes, 23 de septiembre de 2008

Besos y lechuga

Llueve.
Después de tanto tiempo, llueve.

Son las 6 de la mañana, me despierta el ruido de la lluvia y el viento en los pinos. No sé lo que haría yo en medio de una gran ciudad, escuchando a los coches salpicar en los charcos y los camiones de basura.
Al salir al camino los molinos de viento me saludan con su titilante destelleo descompasado.
El negro de la noche ajado por un rayo de azul nos adivina un nuevo amanecer.
Aparco el coche, más cerca del mar no podría, aveces con la pleamar me llega el agua a las ruedas; siempre que me pasa me acuerdo de mi niña catalana... lo que le iba a gustar.
Respiro el vapor húmedo y fresco de la marisma salpicada con las primeras aguas. La misma brisa de tantas mañanas de pesca, calabobo y despreocupación.

Hay goteras, siempre las hay. El suelo de la nave de timones encharcado de agua, como queriendo rememorar la marisma vecina que espera paciente el seguro regreso de cada una de sus gotas.
Un grillo despistado se cuela en la oficina. Claro, es normal, rodeado de tanto campo, y casi de noche cerrada, canta incansable ajeno al ajetreo de correos electrónicos e informes. Su vida es demasiado simple y perfecta para eso.
Y cierro los ojos y piso los charcos como cuando en la infancia pisaba los caños buscando cangrejos, y huelo la marisma como la cepina en bajamar. Mis compañeros teclean con fruición, y el traqueteo de sus teclas son tan sólo las mismas gotas que esta mañana me despertaron. Los operarios taladran las piezas como nerviosos pájaros carpinteros, y el chico de mantenimiento barre lo mismo que don Antonio, mi vecino de la parcela de al lado, que vence a sus achaques cada día a ritmo de rastrillo.
Esta actitud evasiva le costará muy cara a la empresa... si. Pero gracias a ella puedo estar en casa en momentos tan incómodos del día como este.

Miro hacia el grillo de reojo, hacia el lugar donde supongo que se esconde, y le sonrío con un gesto entre alegría y envidia como diciendo “serás cabrón”. Añorando su bendita suerte busco un final para este texto y abro el correo, a ver que nuevas necesidades sin fundamento se han creado mis compañeros para hoy. Si tan solo fueran grillo por un día... Tú si que sabes compañero.

Besos mañaneros para todos y lechuga fresca para algunos.