En una película documental y yugoslava se ve cómo el instinto del pulpo hembra entra en juego para proteger por todos los medios a sus huevos, y entre otras medidas de defensa organiza su propio camuflaje amontonando algas y disimulándose tras ellas para no ser atacada por las murenas durante los dos meses que dura la incubación.
Como todo el mundo, Lucas contempla antropomórficamente las imágenes: el pulpo decide protegerse, busca las algas, las dispone frente a su refugio, se esconde. Pero todo eso (que en una primera tentativa de explicación igualmente antropomórfica fue llamado instinto a falta de mejor cosa) sucede fuera de toda conciencia, de todo conocimiento por rudimentario que pueda ser. Si por su parte Lucas hace el esfuerzo de asistir también como desde fuera, ¿qué le queda? Un mecanismo, tan ajeno a las posibilidades de su empatía como el moverse de los pistones en los émbolos o el resbalar de un líquido por un plano inclinado.
Considerablemente deprimido, Lucas se dice que a esas alturas lo único que cabe es una especie de intrapolación: también esto, lo que está pensando en este momento, es un mecanismo que su conciencia cree comprender y controlar, también esto es un antropomorfismo aplicado ingenuamente al hombre.
"No somos nada", piensa Lucas por él y por el pulpo”
Lucas, sus intrapolaciones.
Julio Cortázar, "Un tal Lucas"
jueves, 19 de junio de 2008
miércoles, 11 de junio de 2008
Consideraciones etimológicas
De un tiempo a esta parte rondan mi cabeza ciertas expresiones usadas de manera cotidiana en nuestras conversaciones referidas al amor, la pareja o a las relaciones. De primera, y por lo común de su uso, no les presté atención, pero poco a poco fueron llamando mi atención. Su disonancia dentro de un lenguaje amoroso rayaba mi entendimiento como el chirrido de cuchilla en el cristal.
Me serví de la ayuda del diccionario (ese curioso artilugio que nos desvela el verdadero significado de las palabras que decimos) y mi sorpresa fue aterradora.
En concreto me llaman la atención dos de estas expresiones. ¿Quién no ha escuchado alguna vez “quiero una relación seria”? No hace falta ser catedrático en lenguas para conocer la palabra “serio/a”, a la cual siempre le atribuimos cualidades negativas. A nadie le gusta un gesto serio, cuando tenemos junto a nosotros a un amigo que creemos que está molesto le decimos “que serio estás”, y cuando un familiar nuestro se aqueja de una grave en fermedad, decimos que “la cosa es seria...”. Diccionario en mano descubro las verdaderas acepciones, algunas de estas horribles si pretendemos con ellas mantener un lenguaje tierno y amoroso.
Serio: “Grave, sentado y compuesto en las acciones y en el modo de proceder”. “Severo en el semblante, en el modo de mirar o hablar”.
Otra expresión muy común es la famosa “quiero un compromiso”, “estoy comprometido/a” o “quiero una relación sin compromiso”. La palabra compromiso, ya de por sí, me sonaba extraña, y pasé a analizarla con los siguientes resultados, horribles todos ellos.
Compromiso: “Obligación contraída”, y en lenguaje judicial: “Convenio entre litigantes, por el cual someten su litigio a árbitros o amigables componedores”.
El diccionario nos remite inmediatamente al lenguaje judicial, tal vez como sabia señal de lo que se avecina tras el consabido compromiso...
Nunca entenedí estas expresiones, y ahora me alegro de ello. No señores, no me interesan las relaciones serias, siempre me gustaron las relaciones alegres de gesto amable, sonrisas, y que saben exprimir el jugo de la vida que se presenta. No, tampoco me identifico con el compromiso, con los “convenios” ni las “obligaciones contraídas” que cercenan una y otra vez nuestros ademanes de felicidad y nuestras inquietudes personales.
No creo en nada más que en la alegría que nos colma cuando estamos junto a quien nos alegra la existencia. No creo en más compromisos que los que esa felicidad nos proporciona de forma natural, y que nos mantiene fieles a esa persona por convencimiento propio, aveces por unas semanas, aveces para toda la vida.
No creo en las promesas, no las entiendo. Binomios cambiantes, eso somos, no es más.
Me sentaré a esperar el siguiente cambio (si es que se presenta). Eso sí, con alegría, el gesto serio lo dejo para otros...
Me serví de la ayuda del diccionario (ese curioso artilugio que nos desvela el verdadero significado de las palabras que decimos) y mi sorpresa fue aterradora.
En concreto me llaman la atención dos de estas expresiones. ¿Quién no ha escuchado alguna vez “quiero una relación seria”? No hace falta ser catedrático en lenguas para conocer la palabra “serio/a”, a la cual siempre le atribuimos cualidades negativas. A nadie le gusta un gesto serio, cuando tenemos junto a nosotros a un amigo que creemos que está molesto le decimos “que serio estás”, y cuando un familiar nuestro se aqueja de una grave en fermedad, decimos que “la cosa es seria...”. Diccionario en mano descubro las verdaderas acepciones, algunas de estas horribles si pretendemos con ellas mantener un lenguaje tierno y amoroso.
Serio: “Grave, sentado y compuesto en las acciones y en el modo de proceder”. “Severo en el semblante, en el modo de mirar o hablar”.
Otra expresión muy común es la famosa “quiero un compromiso”, “estoy comprometido/a” o “quiero una relación sin compromiso”. La palabra compromiso, ya de por sí, me sonaba extraña, y pasé a analizarla con los siguientes resultados, horribles todos ellos.
Compromiso: “Obligación contraída”, y en lenguaje judicial: “Convenio entre litigantes, por el cual someten su litigio a árbitros o amigables componedores”.
El diccionario nos remite inmediatamente al lenguaje judicial, tal vez como sabia señal de lo que se avecina tras el consabido compromiso...
Nunca entenedí estas expresiones, y ahora me alegro de ello. No señores, no me interesan las relaciones serias, siempre me gustaron las relaciones alegres de gesto amable, sonrisas, y que saben exprimir el jugo de la vida que se presenta. No, tampoco me identifico con el compromiso, con los “convenios” ni las “obligaciones contraídas” que cercenan una y otra vez nuestros ademanes de felicidad y nuestras inquietudes personales.
No creo en nada más que en la alegría que nos colma cuando estamos junto a quien nos alegra la existencia. No creo en más compromisos que los que esa felicidad nos proporciona de forma natural, y que nos mantiene fieles a esa persona por convencimiento propio, aveces por unas semanas, aveces para toda la vida.
No creo en las promesas, no las entiendo. Binomios cambiantes, eso somos, no es más.
Me sentaré a esperar el siguiente cambio (si es que se presenta). Eso sí, con alegría, el gesto serio lo dejo para otros...
martes, 10 de junio de 2008
sábado, 7 de junio de 2008
Un digno renquear
Me conmueve especialmente la letra de esta canción del maestro García.
Eso es la vida, sí. Un contínuo renquear diario, lento, austero, aveces tedioso, pero digno y esperanzador. Un recomponer los pedazos. Un darse a vivir.
Que lo disfruten.

Morder el polvo (Fragmento)
... y el valor consistiría en hacer astillas
el endeble andamiaje de errores cometidos
y admitir que simplemente hemos vivido.
Eso sí, bajo nuestra propia ley de gravedad.
Arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída.
No pasará, no ha de pasar que un azar disfrazado arme barreras.
No quiero otros ojos que me miren diciendo adiós, adiós ahora si,
esta vez sí, para siempre adiós. Sólo candorosa esperanza de un austero viajar,
un recomponer los pedazos, un digno renquear.
Ahora aprende a no juzgar y a perder el miedo a las derrotas,
porque el mar, los océanos, igual que acunan pueden engullir.
Y aun así, todos buscamos luminoso despertar, propicio viento.
Adentro, mar adentro mientras quede un solo remo...
Manolo García
Eso es la vida, sí. Un contínuo renquear diario, lento, austero, aveces tedioso, pero digno y esperanzador. Un recomponer los pedazos. Un darse a vivir.
Que lo disfruten.

Morder el polvo (Fragmento)
... y el valor consistiría en hacer astillas
el endeble andamiaje de errores cometidos
y admitir que simplemente hemos vivido.
Eso sí, bajo nuestra propia ley de gravedad.
Arriba, siempre arriba, sin pensar en la caída.
No pasará, no ha de pasar que un azar disfrazado arme barreras.
No quiero otros ojos que me miren diciendo adiós, adiós ahora si,
esta vez sí, para siempre adiós. Sólo candorosa esperanza de un austero viajar,
un recomponer los pedazos, un digno renquear.
Ahora aprende a no juzgar y a perder el miedo a las derrotas,
porque el mar, los océanos, igual que acunan pueden engullir.
Y aun así, todos buscamos luminoso despertar, propicio viento.
Adentro, mar adentro mientras quede un solo remo...
Manolo García
jueves, 5 de junio de 2008
Esta tarde
(Budapest. Foto de Enrique Nikon. Pincha y guarda para ver a tamaño real)Ahora quiero amar algo lejano,
algún hombre divino
que sea como un ave por lo dulce,
que haya habido mujeres infinitas
y sepa de otras tierras, y florezca
la palabra en sus labios, perfumada:
suerte de selva virgen bajo el viento...
Y quiero amarlo ahora. Está la tarde
blanda y tranquila como espeso musgo,
tiembla mi boca y mis dedos finos,
se deshacen mis trenzas poco a poco.
Siento un vago rumor. Toda la tierra
está cantando dulcemente.
Lejos,los bosques se han cargado de corolas,
desbordan los arroyos de sus cauces
y las aguas se filtran en la tierra
así como mis ojos en los ojos
que estoy soñando embelesada...
Pero ya está bajando el sol tras de los montes,
las aves se acurrucan en sus nidos,
la tarde ha de morir y él está lejos,
lejos como este sol que para nunca
se marcha y me abandona, con las manos
hundidas en las trenzas, con la boca
húmeda y temblorosa, con el alma
sutilizada, ardida en la esperanza
de este amor infinito que me vuelve
dulce y hermosa.
Alfonsina Storni
viernes, 30 de mayo de 2008
Sírvete un trago

Gracias a la amiga Eva por su colaboración y por visitar el refugio. Que paséis un buen finde.
Soneto al vino
¿En qué reino, en qué siglo, bajo qué silenciosa
conjunción de los astros, en qué secreto día
que el mármol no ha salvado, surgió la valerosa
y singular idea de inventar la alegría?
Con otoños de oro la inventaron. El vino
fluye rojo a lo largo de las generaciones
como el río del tiempo y en el arduo camino
nos prodiga su música, su fuego y sus leones.
En la noche del júbilo o en la jornada adversa
exalta la alegría o mitiga el espanto
y el ditirambo nuevo que este día le canto
otrora lo cantaron el árabe y el persa.
Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia
como si ésta ya fuera ceniza en la memoria.
Jorge Luis Borges
jueves, 29 de mayo de 2008
El corazón que aguarda pese a todo
HOMBRE QUE MIRA A UNA MUCHACHA
Para que nunca haya malentendidos,
para que nada se interponga,
voy a explicarte lo que mi amor convoca.
Tus ojos que se caen de desconcierto
y otras veces se alzan penetrantes y tibios
tienen tanta importancia que yo mismo me asombro.
Tus lindas manos mágicas
que te expresan a veces mejor que las palabras,
tan importantes son que no oso tocarlas,
y si un día las toco es sólamente
para retransmitirte ciertas claves.
Tu cuerpo pendular
que duda en recibirse o entregarse
y es tan joven que enseña a pesar tuyo,
es un dato del cual me faltan datos,
y sin embargo ayudo a conocerlo.
Tus labios puestos en el entusiasmo
que dibuja palabras y promete promesas,
son en tu imagen para mí los héroes,
y son también el ángel enemigo.
En mi amor estás toda o casi toda
me faltan cifras pero las calculo,
faltan indicios pero los descubro.
Sin embargo en mi amor hay otras cosas,
por ejemplo los sueños con que muevo la tierra,
la pobre lucha que libré y libramos,
los buenos odios esos que ennoblecen,
el diálogo constante con mi gente,
la pregunta punzante que me hicieron,
las respuestas veraces que no di.
En mi amor hay también corajes varios
y un miedo que a menudo los resume,
hay hombres como yo que miran tras las rejas
a una muchacha que podrías ser vos.
En mi amor hay faena y hay descanso,
sencillas recompensas y complejos castigos,
hay dos o tres mujeres que forman tu prehistoria
y hay muchos años, demasiados años
de inventar alegrías y creerlas
después a pie juntillas.
Querría que en mi amor vieras todo eso,
y que vos muchachita,
con paciencia y cautela,
sin herirme ni herirte,
rescataras de allí la luna, el río,
los emblemas rituales,
los proyectos de besos o de adioses,
el corazón que aguarda pese a todo.
Mario Benedetti
Para que nunca haya malentendidos,
para que nada se interponga,
voy a explicarte lo que mi amor convoca.
Tus ojos que se caen de desconcierto
y otras veces se alzan penetrantes y tibios
tienen tanta importancia que yo mismo me asombro.
Tus lindas manos mágicas
que te expresan a veces mejor que las palabras,
tan importantes son que no oso tocarlas,
y si un día las toco es sólamente
para retransmitirte ciertas claves.
Tu cuerpo pendular
que duda en recibirse o entregarse
y es tan joven que enseña a pesar tuyo,
es un dato del cual me faltan datos,
y sin embargo ayudo a conocerlo.
Tus labios puestos en el entusiasmo
que dibuja palabras y promete promesas,
son en tu imagen para mí los héroes,
y son también el ángel enemigo.
En mi amor estás toda o casi toda
me faltan cifras pero las calculo,
faltan indicios pero los descubro.
Sin embargo en mi amor hay otras cosas,
por ejemplo los sueños con que muevo la tierra,
la pobre lucha que libré y libramos,
los buenos odios esos que ennoblecen,
el diálogo constante con mi gente,
la pregunta punzante que me hicieron,
las respuestas veraces que no di.
En mi amor hay también corajes varios
y un miedo que a menudo los resume,
hay hombres como yo que miran tras las rejas
a una muchacha que podrías ser vos.
En mi amor hay faena y hay descanso,
sencillas recompensas y complejos castigos,
hay dos o tres mujeres que forman tu prehistoria
y hay muchos años, demasiados años
de inventar alegrías y creerlas
después a pie juntillas.
Querría que en mi amor vieras todo eso,
y que vos muchachita,
con paciencia y cautela,
sin herirme ni herirte,
rescataras de allí la luna, el río,
los emblemas rituales,
los proyectos de besos o de adioses,
el corazón que aguarda pese a todo.
Mario Benedetti
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